Herramienta Escolar para la enseñanza y aprendizaje del pasado reciente Colombiano.
La incorporación del conflicto armado como temática curricular en nuestras escuelas ha sufrido intensos debates que han permitido, por un lado, destacar la importancia que tiene el mismo en la formación y construcción de posiciones políticas en estudiantes y profesores a las circunstancias históricas que configuran nuestra realidad , y por otro lado, detectar los posibles obstáculos que se han presentado para su enseñanza, como los señalados por Rodríguez & Sánchez (2009), para quienes estos obstáculos pueden ser generados porque:
* Los trabajos de tipo pedagógico que involucren la historia reciente en el currículo, y particularmente el conflicto armado interno no cuentan con una gran difusión.
* Los trabajos de investigación y reflexión van en contrasentido hacía el diseño de espacios de reelaboración de la memoria social desde las prácticas de la enseñanza de la historia y las Ciencias Sociales.
* Las exigencias sociales y estatales que se le hacen a la escuela, se orientan a cumplir los requerimientos evaluativos del sistema educativo, que busca desarrollar habilidades y competencias.
* No se encuentra en la agenda educativa, una política de incorporación de la historia reciente o de la memoria del conflicto armado ni como tópico curricular ni como objeto de trabajo pedagógico.
A lo anterior, puede sumársele las reformas trazadas en la década de los setenta con la celebración de la “Conferencia Mundial de la crisis de la educación” llevada a cabo en Williamsburg (Virginia) en la que además de discutir la crisis de los sistemas escolares nacionales, se definió la educación como un proyecto total y no una serie de acciones inconexas, lo que llevaría a concebir la educación en función de una educación para la comprensión internacional.
De acuerdo con esta mirada, “el propósito de la conferencia y sus documentos, era homogenizar los sistemas educativos promoviendo una crisis generalizada de la civilización – reflejada en la disparidad de los sistemas educativos nacionales – que debía superarse mediante la reconstrucción de los valores occidentales; la unidad nacional entorno a principios morales universales y la promoción de un nuevo modelo de formación”. (En: Rodríguez Ávila, Sandra Patricia & Sánchez Moncada, Olga Marlene. (2009). Problemáticas de la enseñanza de la historia reciente en Colombia: trabajar con la memoria en un país en guerra. Revista Reseñas. No 7, 2009. Argentina: APEHUN).
Esta serie de reformas llevaron a que Colombia hiciera también las suyas en los años setentas a través del programa de mejoramiento cualitativo del MEN (1976), reformando el currículo (en 1978 por Decreto 1419) asignándole un carácter nuevo, de tecnología educativa. Las reformas que se adelantaron en Colombia transformó por completo el escenario escolar, aumentando el contacto del niño con los materiales, con los computadores, lo que redujo la relación entre maestros y estudiantes, que de no evitarse, aceleraría los procesos de concientización de éstos últimos.
Dichas reformas se convirtieron en obstáculos para la enseñanza y el aprendizaje de tópicos relacionados con el conflicto armado en la escuela, porque desde éstas (reformas), se construyeron contenidos subordinados a planteamientos de una narrativa histórica apologética y episódica que en nada contribuía a aportar elementos para la comprensión integral de la sociedad, de ahí, que las implicaciones de la enseñanza de la Historia reciente estén dirigidas a analizar en el aula de clase, acontecimientos del pasado, constituyéndose en objeto de debates públicos que puedan contribuir de un cierto modo, a cerrar los procesos de violencia política ocurridos en un pasado y permita adelantar luchas reivindicativas de sectores de la sociedad que se han visto afectados por la violencia (paramilitar para nuestro caso en particular). La historia reciente como nueva tendencia historiográfica se propone incentivar los procesos de formación y construcción de posiciones políticas frente a acontecimientos ocurridos en un pasado reciente, permitiendo a estudiantes y profesores, comprender y actuar en las condiciones y dinámicas del presente.
Temas como el fenómeno del paramilitarismo en Colombia y el proceso de paz – que culminó con la desmovilización de muchas de sus estructuras militares – no han sido abordados en las escuelas como debieran, su enseñanza se queda tan sólo en la descripción de aspectos poco relevantes para el análisis y reflexión que estos tópicos ameritan, imponiéndose en éstos casos una versión (oficial) de los hechos que en nada contribuyen a fomentar y construir posturas críticas diferentes, olvidando que la comprensión crítica de éstos y otros temas relacionados con el conflicto armado (como el marco jurídico de la Ley de Justicia y Paz) se constituye en un elemento necesario para entender y comprender las dinámicas y los efectos de la guerra interna en nuestro país.
Entorno a estos, se han producido discursos dominantes (memorias fuertes) que buscan consolidar la reconstrucción de hechos impidiendo que otros discursos (memorias débiles) puedan ser elaborados y escuchados, lo que se constituye en una condición necesaria para efectos de la transición, pues se ha argumentado que a partir de su reconstrucción se pueden identificar las secuelas del conflicto en la sociedad y sólo así es posible plantear las soluciones adecuadas que tiendan a erradicarlas.
Desde ya se aboga por elaborar ejercicios que permitan sacar de esa marginalidad a las memorias de las víctimas que han sido sustituidas en los espacios comunicativos por el protagonismo de los victimarios, lo que conlleva a silenciar la palabra de las víctimas; se convierte en una tarea impostergable hacer hablar a las víctimas, ya que de permitírselo aseguraría que la sociedad conozca de viva voz, cómo ocurrieron los hechos de violencia y la magnitud de éstos, en éste sentido los trabajos de la memoria sirven de alguna manera de plataforma de enunciación de demandas regionales, étnicas, de género y de grupos específicos de víctimas, llegando incluso “a operar como un canal articulador y generador de prácticas e iniciativas ciudadanas (En: “La masacre de El Salado”. Centro de Memoria Histórica. P, 18).
Diego Ernesto Murcia Rodríguez
Licenciado en Ciencias Sociales / Consultor Pedagógico
Febrero, 2020