Para serles sincero, no creo que sea del todo cierto que el fracaso de la «educación virtual» – ese remedo de modalidad virtual que aquí se creyeron estamos haciendo bien – se deba en gran parte a la falta de equipos y de conectividad, hacerlo reviviría esa vieja idea de que los problemas de la escuela y de la educación iban a solucionarse inundando las instituciones con dispositivos «inteligentes» e internet, que esas centenares de laptops, tablets y tableros «inteligentes» que hoy se pudren – literalmente – en los depósitos de las bibliotecas de muchas de nuestras instituciones traerían el gran cambio, pregonando el advenimiento – tardío como todo en Colombia – de la mal llamada «sociedad del conocimiento» o «sociedad de la información», presentándolas como el último peldaño al que toda sociedad civilizada anhela y debiera llegar.
Pues bien, en el mejor de los casos podríamos llegar incluso a dotar de nuevo a nuestros estudiantes con lo último en tecnología y aún así, seguiríamos haciendo lo mismo: sentarnos frente a nuestras computadoras por horas enteras dejando “toneladas” de trabajos y actividades insulsas a los estudiantes para que éstos las desarrollen en sus hogares (todo a las patadas y en aras del “cumplimiento”) y así demostrarle a la escuela/empresa (que todo lo mide por “desempeños”) y a padres de familia (clientes) que sí se está avanzando en materia de “educación” para sus hijos (usuarios) y de paso, guardar las apariencias de que estamos a tono con los cambios tecnológicos; pero lo cierto es que “la educación a distancia – en cualquiera de sus formas o modalidades – funciona bien solamente cuando se cumple con un requisito indispensable, inexcusable: que el estudiante sea de alto perfil, es decir, que tenga un interés genuino en adquirir conocimientos y capacidad de ser autodidacta” (Villa, 2020). De ésto último muy poco en nuestras escuelas. Villa nos recuerda que lo que busca ésta “virtualidad” es que los alumnos sepan leer y entender bien lo que leen y lo que escriben y que, además, puedan demostrar sus conocimientos cuando se les pregunta por ellos.
Sostiene además que ha imperado en nuestra cultura esa lógica de felicitarnos unos a otros por haber dado “el mejor esfuerzo”, lo que considera que no es más que el miedo a reconocer el fracaso de la educación (presencial y a distancia), y que podamos llegar a decir, con honestidad: ¿Saben qué? desde marzo todos nos hemos hecho los tontos y nada de lo realizado ha abonado un carajo para el progreso educativo de ningún alumno.
La educación virtual sólo es viable cuando el deseo por llevarla a cabo es profundo dentro del estudiante, no debe ser un tema que se deba imponer, sino que debe ser un tema que debe nacer de la voluntad más pura por parte de la persona que anhela adquirir nuevos conocimientos y desea seguir los caminos que dicta su propia curiosidad. Así, la educación virtual – de acuerdo con quiénes la defienden – se constituye en ese primer eslabón, en esa primera escala de esa educación voluntaria en la cuál se da rienda suelta al verdadero libre albedrío del estudiante, en dónde estudia realmente lo que le interesa y en dónde va complementando y se va integrando a las áreas de acuerdo a sus necesidades y a sus requerimientos intelectuales, más que a una sarta de imposiciones por parte de esa escuela tradicional victoriana que lo único para lo que está diseñada es para adoctrinar y amasar obreros en una economía caduca que en días como los que afrontamos nos demuestra que no tiene lugar en éste nuevo mundo.
Por último quisiera referirme a la propuesta de aprobar el año escolar – la aprobación remota de la que tanto se habla en algunos países europeos – para señalar que sería en tal caso otro error que se le sumaria a esta cadena de errores, ya que si bien es cierto debemos velar por la salud de nuestros estudiantes, también debemos ser veedores de que su formación académica sea integra y completa y esto solo será posible con el retorno a clases de todos y cada uno de los estudiantes a ese gran espacio que llamamos la escuela, lo que no es una opción por este momento, o no al menos en éstas condiciones porque no existen las garantías que así lo permitan. Veo más viable y saludable que se retomen clases de nuevo en julio y como sugieren muchos, con calendario B, y de continuar ésta problemática, lo mejor es su cancelamiento hasta que las condiciones así lo permitan.
La tecnología y la virtualidad se constituyen hoy en día en valiosas herramientas con la que contamos nosotros los docentes en nuestro quehacer diario, pero sí estamos cayendo muchos en el error de considerar que lo que se está haciendo en éste momento corresponde realmente a lo que se ha llamado «educación virtual».
Nadie piensa en la educación como herramienta emancipadora.
Agradezco al Ingeniero de Sistemas, Luis Andrés Murcia, cuyas charlas en éste escenario de confinamiento por largas noches han aportado valiosos elementos de análisis para el desarrollo del presente escrito.
Diego Ernesto Murcia R.
Licenciado en Ciencias Sociales
Mayo, 2020
Hay varios elementos ineludibles que plantean estas líneas. El primero de ellos es que efectivamente hay muchos de los artefactos tecnológicos arrumados y que eso implica una falta de responsablidad docente más cuando en tantas discusiones de recursos para el campo educativo queremos estar «a la vanguardia» y esos desde nuestro pensar es referirse a las TICs.
El segundo elemento es que este momento histórico que a nadie nos pasó por la mente, no permitio prepararnos para lo que coincidimos que usted ha denominado «fracaso de la escuela virtual» y que efectivamente no tiene nada que ver con el la «brecha digital» que también es otro tema a discutir, partiendo del supuesto que tod@s tienen acceso a internet, ese fracaso se da por que la educación no se debe limitar al manejo de una aplicación en la cual «todos estan, todos presentan sus actividades», el tema es ¿cuándo aprendo a cerca de… por mi cuenta?, es ser autodidacta como bien cita a Villa… Es una discusión difícil ¿Cómo motivo yo a lxs chicxs a ser autodidactas? No sólo en la educación virtual, hablo también para la modalidad presencial. ¿Cómo me motivo yo como docente si solo tengo tiempo para subir «evidencias»? La educación hay que repensarla en todas sus modalidades.. un buen ejercicio ha traido esta pandemia…
Saludos Diego
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