
Al preguntarles a algunos amigos/as, también docentes de diferentes instituciones y sectores (tanto públicos como privados) sobre cómo han venido llevando todo este asunto de la “virtualidad” – ese remedo de “educación virtual” que aquí nos creímos está dando buenos resultados y del que hablé en otra ocasión – muchos han coincidido en que esa “formatitis” – que se ha expandido como virus – ya los tienen con los nervios de punta, que están a esto de un colapso nervioso, me han dicho, y es que no es para menos, la carga burocrática, que no es nueva en lo absoluto en los contextos escolares, al menos si se ha dejado sentir en estos tiempos de pandemia, y no creo que haya quién así lo pueda negar. De esto quiero hablarles en este escrito.

La burocratización – y con ella – la precarización de la labor docente empieza desde el momento en el que se les obliga a llenar formatos, actas, memorias de reuniones con directivos o padres de familia, informes y otros papeleos que lo único que pondría en evidencia es la incompetencia y falta de personal administrativo para realizar estos trabajos, obligando a los docentes a pasar o más bien perder gran parte de su tiempo llenando papeles, cuando debieran estar aprovechando más el tiempo en asuntos más importantes y productivos como la investigación y la preparación de clases. Esta «formatitis» lo que ha hecho es que sea más frecuente ver que el docente pase menos tiempo pensando, leyendo y escribiendo y más tiempo rellenando formularios, haciendo que esta práctica – muy frecuente en directivas – empiece a expandirse tal como lo hacen los virus por todos los sistemas educativos del mundo.
La labor docente no se trata solamente de dar clases y llenar formularios, sino de investigar, ir a congresos, escribir, evaluar y publicar, de ahí que sea falsa la idea que ronda por los corredores de muchas de nuestras instituciones, secretarias de educación y el MEN (Ministerio de Educación) de que el incremento de las tareas administrativas y burocráticas para los docentes supongan una supuesta mejora de la calidad de la enseñanza. Falso de toda falsedad.
Para David Graeber, autor del libro “La utopía de las reglas: sobre la tecnología, la estupidez y las alegrías secretas de la burocracia”, en el que aborda el problema del papeleo en el siglo XXI, sostiene entre otras cosas qué si las labores administrativas han proliferado es debido a que éstas se han constituido en formas y mecanismos de control social, ya que de ésta manera, ellos (directivos y “superiores”) se garantizan de que sus empleados estén monitoreados y controlados, además de que se sientan cansados y ocupados como para hacerse preguntas o sublevarse.
Se aboga por una escuela más humana, académica e investigativa y no en esa en la que priman los intereses económicos y los valores del mercado, porque según consideran, quiénes desde sus escritorios escriben estas Leyes – de la oferta y de la demanda – es que tanto la escuela como el docente, estén a tono con los grandes cambios que trae consigo el sistema capitalista, y que ésta sea un garante para que éste pueda seguir reproduciéndose tal como lo ha venido haciendo hasta el momento, por lo que se hace urgente que las políticas educativas no se sigan elaborando y se dejen de fabricar a espaldas a la realidad de la población escolar y por supuesto, del docente e ir erradicando de esos imaginarios, la idea que impera de que nuestras escuelas fungen como fábricas industriales y contenedores a donde van a parar los niños porque sus padres ya no se los aguantan en casa .
Diego Ernesto Murcia R.
Licenciado en Ciencias Sociales
Mayo, 2020