«Filantrocapitalismo»: el porqué los ricos y poderosos hacen donaciones.

Parece que hay a quiénes aún no les ha quedado muy claro el porqué del ataque repentino de «filantropismo» en el que han «caído» algunos hombres de negocios con enormes fortunas y que nada tiene que ver – como ha señalado Luis Carlos Sarmiento Ángulo – con una «obligación moral» (mejor decir inmoral) de aportar a la solución de los «problemas sociales». Nada más lejano a esta realidad, por lo que éstas y otras «donaciones» que han hecho y puedan seguir haciendo estos personajes y otras empresas provengan de los irrisorios salarios que éstos pagan a sus empleados, quienes no tienen más opción que vender su fuerza de trabajo a sus empleadores con tal de asegurarse un mínimo de supervivencia, de ahí que la burguesía se escude en la «caridad» para que los explotados no lleguemos a cuestionar su obsceno acaparamiento del capital, si no, habría que recordar aquel pasaje* de Friederich Engels en el que palabras más, palabras menos nos advertía qué […] the bourgeoisie is charitable out of self-interest; it gives nothing outright, but makes a bargain with the poor, saying: If i spend this much upon benevolent institutions, i thereby purchase the right not to be troubled any further, and you are bound thereby to stay in your dusky holes and not to irritate my tender nerves by exposing your misery […] **

Por estas razones es que no considero consecuente el que debamos ponernos de pie y aplaudir con vehemencia este tipo de manifestaciones por parte de quienes nos explotan, porque no son sinceras.


Diego Ernesto Murcia R.
Licenciado en Ciencias Sociales
Marzo, 2020

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* «The attitude of the bourgeoisie towards the proletariat».

** Su traducción sería algo así como:

[…] la burguesía es caritativa por interés propio; no da nada de nada, sino que hace un trato con los pobres, diciendo: Si gasto tanto en instituciones benévolas, por lo tanto, compro el derecho a no ser molestado más, y usted está obligado a permanecer en sus agujeros oscuros y no irritar mis nervios sensibles al exponer su miseria […]

La historia del tiempo presente

Herramienta Escolar para la enseñanza y aprendizaje del pasado reciente Colombiano.


La incorporación del conflicto armado como temática curricular en nuestras escuelas ha sufrido intensos debates que han permitido, por un lado, destacar la importancia que tiene el mismo en la formación y construcción de posiciones políticas en estudiantes y profesores a las circunstancias históricas que configuran nuestra realidad , y por otro lado, detectar los posibles obstáculos que se han presentado para su enseñanza, como los señalados por Rodríguez & Sánchez (2009), para quienes estos obstáculos pueden ser generados porque:

* Los trabajos de tipo pedagógico que involucren la historia reciente en el currículo, y particularmente el conflicto armado interno no cuentan con una gran difusión.

* Los trabajos de investigación y reflexión van en contrasentido hacía el diseño de espacios de reelaboración de la memoria social desde las prácticas de la enseñanza de la historia y las Ciencias Sociales.

* Las exigencias sociales y estatales que se le hacen a la escuela, se orientan a cumplir los requerimientos evaluativos del sistema educativo, que busca desarrollar habilidades y competencias.

* No se encuentra en la agenda educativa, una política de incorporación de la historia reciente o de la memoria del conflicto armado ni como tópico curricular ni como objeto de trabajo pedagógico.

A lo anterior, puede sumársele las reformas trazadas en la década de los setenta con la celebración de la “Conferencia Mundial de la crisis de la educación” llevada a cabo en Williamsburg (Virginia) en la que además de discutir la crisis de los sistemas escolares nacionales, se definió la educación como un proyecto total y no una serie de acciones inconexas, lo que llevaría a concebir la educación en función de una educación para la comprensión internacional.

De acuerdo con esta mirada, “el propósito de la conferencia y sus documentos, era homogenizar los sistemas educativos promoviendo una crisis generalizada de la civilización – reflejada en la disparidad de los sistemas educativos nacionales – que debía superarse mediante la reconstrucción de los valores occidentales; la unidad nacional entorno a principios morales universales y la promoción de un nuevo modelo de formación”. (En: Rodríguez Ávila, Sandra Patricia & Sánchez Moncada, Olga Marlene. (2009). Problemáticas de la enseñanza de la historia reciente en Colombia: trabajar con la memoria en un país en guerra. Revista Reseñas. No 7, 2009. Argentina: APEHUN).

Esta serie de reformas llevaron a que Colombia hiciera también las suyas en los años setentas a través del programa de mejoramiento cualitativo del MEN (1976), reformando el currículo (en 1978 por Decreto 1419) asignándole un carácter nuevo, de tecnología educativa. Las reformas que se adelantaron en Colombia transformó por completo el escenario escolar, aumentando el contacto del niño con los materiales, con los computadores, lo que redujo la relación entre maestros y estudiantes, que de no evitarse, aceleraría los procesos de concientización de éstos últimos.

Dichas reformas se convirtieron en obstáculos para la enseñanza y el aprendizaje de tópicos relacionados con el conflicto armado en la escuela, porque desde éstas (reformas), se construyeron contenidos subordinados a planteamientos de una narrativa histórica apologética y episódica que en nada contribuía a aportar elementos para la comprensión integral de la sociedad, de ahí, que las implicaciones de la enseñanza de la Historia reciente estén dirigidas a analizar en el aula de clase, acontecimientos del pasado, constituyéndose en objeto de debates públicos que puedan contribuir de un cierto modo, a cerrar los procesos de violencia política ocurridos en un pasado y permita adelantar luchas reivindicativas de sectores de la sociedad que se han visto afectados por la violencia (paramilitar para nuestro caso en particular). La historia reciente como nueva tendencia historiográfica se propone incentivar los procesos de formación y construcción de posiciones políticas frente a acontecimientos ocurridos en un pasado reciente, permitiendo a estudiantes y profesores, comprender y actuar en las condiciones y dinámicas del presente.

Temas como el fenómeno del paramilitarismo en Colombia y el proceso de paz – que culminó con la desmovilización de muchas de sus estructuras militares – no han sido abordados en las escuelas como debieran, su enseñanza se queda tan sólo en la descripción de aspectos poco relevantes para el análisis y reflexión que estos tópicos ameritan, imponiéndose en éstos casos una versión (oficial) de los hechos que en nada contribuyen a fomentar y construir posturas críticas diferentes, olvidando que la comprensión crítica de éstos y otros temas relacionados con el conflicto armado (como el marco jurídico de la Ley de Justicia y Paz) se constituye en un elemento necesario para entender y comprender las dinámicas y los efectos de la guerra interna en nuestro país.

Entorno a estos, se han producido discursos dominantes (memorias fuertes) que buscan consolidar la reconstrucción de hechos impidiendo que otros discursos (memorias débiles) puedan ser elaborados y escuchados, lo que se constituye en una condición necesaria para efectos de la transición, pues se ha argumentado que a partir de su reconstrucción se pueden identificar las secuelas del conflicto en la sociedad y sólo así es posible plantear las soluciones adecuadas que tiendan a erradicarlas.

Desde ya se aboga por elaborar ejercicios que permitan sacar de esa marginalidad a las memorias de las víctimas que han sido sustituidas en los espacios comunicativos por el protagonismo de los victimarios, lo que conlleva a silenciar la palabra de las víctimas; se convierte en una tarea impostergable hacer hablar a las víctimas, ya que de permitírselo aseguraría que la sociedad conozca de viva voz, cómo ocurrieron los hechos de violencia y la magnitud de éstos, en éste sentido los trabajos de la memoria sirven de alguna manera de plataforma de enunciación de demandas regionales, étnicas, de género y de grupos específicos de víctimas, llegando incluso “a operar como un canal articulador y generador de prácticas e iniciativas ciudadanas (En: “La masacre de El Salado”. Centro de Memoria Histórica. P, 18).


Diego Ernesto Murcia Rodríguez
Licenciado en Ciencias Sociales / Consultor Pedagógico

Febrero, 2020

Orígenes del Paramilitarismo en Colombia.

El paramilitarismo ha sido definido así:

Por un lado, Romero (2003) denomina a estos grupos paramilitares como “empresarios de la coerción”.  Considera a las AUC como una “federación de grupos paramilitares con una gran capacidad para implantar estabilidad y orden en las regiones en las que antes ocurrían no sólo problemas de seguridad para los propietarios locales e inversionistas externos, sino agudos conflictos políticos y una intensa movilización social por derechos y reconocimiento” (Pág. 144). 
 

  Duncan (2006) los define como “señores de la guerra”, término con el que pretende mostrar las dimensiones que adquirió el fenómeno del paramilitarismo en Colombia, llegando a construir un nuevo orden social en muchas regiones del país, instaurando pequeños Estados autónomos. 

     
Y finalmente, Alfredo Rangel, para quien los grupos paramilitares en Colombia tienen cinco características distintivas: Son contrainsurgentes; Civiles; Autónomos del Estado; Están fuertemente penetrados por el narcotráfico y tienen estructuras muy complejas.

El paramilitarismo: resultado de tres circunstancias


Autores como Carlos Medina Gallego (1990) y Rafael Ballén (2010) entre otros, coinciden en que el paramilitarismo se inició en Puerto Boyacá desde 1982 como resultado de tres circunstancias: 1) las acciones de tipo militar adelantadas por el batallón de infantería número III “Bárbula” (fortalecida luego por la XIV Brigada hacia 1983); 2) la ofensiva de las Farc-Ep sobre la población (exigiéndoles mayores pagos económicos, lo que se llamó el “gramaje o extorsión”); y 3) la doctrina de la seguridad nacional.

     De las acciones adelantadas, primero por el batallón de infantería número 3 y luego por la brigada XIV, el ejército adquirió un reconocimiento por parte de la población, hasta el punto de considerársele como una institución democrática comprometida con acciones para salvaguardar sus vidas, sus tierras y conservar la tranquilidad de la región. Pablo Emilio Guarín explicaba este acercamiento del ejército a la sociedad civil arguyendo que “entonces la gente se radicalizó al lado de las instituciones democráticas. Unidos se le pusieron talanqueras a la subversión, la sacaron de la región, la desplazaron hacía el nordeste Antioqueño (Gallego 1990, P. 170)”.

    
La tercera circunstancia surge en un ambiente en el que muchos profesaban sus concepciones anticomunistas, siendo el Magdalena Medio su bastión. Según Gallego (1990):

“La doctrina de seguridad nacional se la considera como una guerra no convencional, no declarada en la que se rompe con el pensamiento militar tradicional por una que requiere de menos hombres y menos recursos capaz de involucrar lo político; económico y lo psicológico, lo que se llamó «guerra total a nivel de raíces»” (P. 166).


El principal objetivo radicaba en el hecho de combatir a la insurgencia tanto en el plano político y social, como en el militar, destruyendo las estructuras políticas y sociales que constituían el grueso de la base de las guerrillas. Para ello, como resultado de su adaptación a la nueva forma de guerra, se crea una fuerza no convencional de soldados y especialistas de guerra que posteriormente se conocerían como organismos paramilitares, que llevarían a cabo una política de exterminio de trabajadores, campesinos, líderes sindicales, maestros, grupos religiosos y comunitarios, por considerárseles cercanos a elementos comunistas y por ende, a la guerrilla.

Para esta doctrina, el principal enemigo era el comunismo internacional, con epicentro en la Unión Soviética y representación regional en Cuba (Ibíd. P, 27). Lo que produjo la materialización del “enemigo interno” para señalar a grupos o instituciones nacionales que tuvieran ideas opuestas a las del gobierno, así como también a las guerrillas, como supuestos agentes locales del comunismo.

La ACDEGAM y el MORENA

Estas dos formaciones políticas contribuyeron de forma directa para su legitimación política. Estas jugarían un papel importante para el surgimiento del proyecto antisubversivo en Colombia. Para Cardona (1999) “el auge paramilitar en el Magdalena Medio fue acompañado casi que desde su inicio, por ACDEGAM (Asociación Campesina de Agricultores y Ganaderos del Magdalena Medio), un proyecto político, social, económico y militar para combatir a la subversión” (p. 76).

El MORENA se constituyó en un proyecto político que buscaba ganar espacios de legitimidad, aprovechando la debilidad del Estado para enfrentar problemas de orden público en algunas regiones sometidas al total control de la insurgencia.

De ésta forma, el fenómeno del paramilitarismo fue ganando espacios donde la presencia del Estado era casi que nula y que por el contrario, permanecían a merced de pequeños grupos de terratenientes que vieron en éste proyecto, la mejor forma de que sus propiedades y poder económico; político y social fuera cada vez mayor.

Conclusiones


El fenómeno del paramilitarismo en Colombia más que una respuesta de pobres campesinos que se vieron obligados a organizarse para repeler las acciones de las guerrillas (en particular de las FARC-EP), responde a unas lógicas de seguridad impuestas desde los centros de poder representados por los Estados Unidos (EE.UU) que buscaban en lo posible y a como dé lugar frenar el avance del comunismo en el hemisferio. En éste sentido, adoptaron y transformaron el término de “seguridad” para elaborar el concepto de “Estado de seguridad nacional”, con el que pretendían designar la defensa militar y la seguridad interna de amenazas de revolución, inestabilidad del capitalismo y una capacidad destructora de los armamentos nucleares.


Para esta doctrina, el principal enemigo era el comunismo internacional, con epicentro en la Unión Soviética y representación regional en Cuba. Lo que produjo la materialización del “enemigo interno” para señalar a grupos o instituciones nacionales que tuvieran ideas opuestas a las del gobierno, así como también a las guerrillas, como supuestos agentes locales del comunismo. (Buitrago: 2006, 27).  El paramilitarismo responde más a estas lógicas que a cualquier otra interpretación que ve en los abusos de las guerrillas, a su fortalecimiento y al debilitamiento e impotencia del mismo Estado frente a las prácticas de las guerrillas como las causas reales para su origen, crecimiento y expansión sobre el territorio Colombiano. 


Diego Ernesto Murcia R.
Licenciado en Ciencias Sociales
Diciembre, 2019



Bibliografía 

– Alfredo Rangel & Pedro Medellín, “Política de seguridad democrática”.  – Alfredo Rangel. “El poder paramilitar”. 

– Carlos Medina Gallego. “Autodefensas, paramilitares y narcotráfico en Colombia”. – Carlos Medina Gallego. “La Violencia Parainstitucional. Paramilitar y Parapolicial en Colombia”. 

– Francisco Leal Buitrago, “La inseguridad de la seguridad, Colombia 1958 – 2005”. -Gustavo Duncan. “Los Señores de la Guerra”. 

– Mauricio Romero. “Paramilitares y autodefensas, 1982 – 2003”. – Mauricio Aranguren Molina. “Mi Confesión”.

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